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Desmontando mitos

Querido diario, hoy voy a despotricar un poco acerca todas esas tonterías que se dicen sobre la alimentación saludable y sostenible, principalmente vegetal.

 

¡Y es que estoy muy enfadada! Me resulta inadmisible que, a día de hoy, siga habiendo tanto desconocimiento (y me atrevo a decir, cierto desdén) acerca de la alimentación saludable, ética y sostenible.


Todo empezó cuando comencé a exteriorizar mis deseos sobre empezar a comer sano. (Sí, ya te he escrito sobre esto, me refiero a todas esas reacciones bajo la severa expresión de “ha perdido la cabeza” que recibí durante mi primera etapa). Pero es que, además de dicha actitud, he recibido todo tipo de comentarios carentes de ciencia y de coherencia. Aquí voy con los más desvergonzados:

 

Mito 1:

“¡Va a faltarte proteína! Tendrás anemia, y será imposible que tus músculos crezcan”

Bien, déjame decirte, querido lumbreras, ¡que el reino vegetal tiene una maravillosa gama de proteínas de altísima calidad! Legumbres, cereales, frutos secos, soja, quinoa… un verdadero abanico de delicias proteicas y sanísimas. Además, si supieras la cantidad de deportistas y culturistas de renombre que se definen como veganos y vegetarianos, posiblemente te dé un síncope.

 

Mito 2:

“¿Y no te aburres de comer siempre lo mismo? Es decir, las dietas vegetales sólo se abastecen de plantas, ¿no?”

Ante tal despliegue de barbaridades, he aprendido a respirar profundo y suponer, que en el mejor de los casos, esas “plantas” hacen referencia a nuestro maravilloso paraíso de frutas y verduras.

 

Ante tal atrevimiento, lanzo la mejor de mis sonrisas y apuesto lo que quiera el sujeto a que en cualquier despensa mayormente vegetal hay más ingredientes y cachibaches que en la suya propia: que si lentejitas rojas, avena en copos, de anarcardos a pistachos, macarrones de guisante, harina de almendra, cacao puro, quinoa tricolor… ¡será por variedad!


 

Mito 3:

“¿Entonces, tampoco no tomas lácteos? ¿Y cómo llevas la falta de calcio?”

Llegados a este punto, mi paciencia empieza a rozar sus límites. ¿Es que nadie sabe que 50 gramos de sésamo tienen cinco veces más calcio que un generoso vaso de leche? ¡Por favor! Por no hablar de la altísima cantidad que poseen las almendras, el brócoli, los garbanzos, el tofu… ¡y un larguíiiiisimo etc!

 

Mito 4:

“Sí, sí; si a mí me parece muy bien que comas así. Pero es que la comida sana/vegetariana es más cara, y yo no puedo permitírmelo”.

Ahá, por supuesto: las lentejas, el arroz, los kiwis y pepinos tienen un precio totalmente desorbitado, sólo apto para exquisitas billeteras. ¡Vamos, por favor! Si en el reino vegetal es donde encontramos los bienes más básicos y de toda la vida, ¡cómo van a ser los más caros! Porque por supuesto, no hace falta comprar exotismos como esas modernas mini hamburguesitas de seitán y cuscús para alimentarnos de forma sana, nutritiva y sostenible: la base de esta pirámide son y siempre serán las frutas, las verduras y hortalizas, los cereales y las legumbritas <3

 

Mito 5:

“Eso de la alimentación vegetal y sostenible es sólo una moda. Seguro que a esos veganos se les quita pronto la tontería”.

Confieso que llegados a éste, el sumum del climax, mi reacción habitual roza la pérdida de papeles. Pero es que, ¡¿de dónde demonios saca esta gente este tipo de afirmaciones?! Una vez aquí, no me veo con más remedio que informar a semejante atrevido de que la alimentación mayormente vegetal ha sido protagonista en, prácticamente, TODA NUESTRA HISTORIA.

Y, según apasionantes medios, el consumo de carne roja ha descendido en un 35% en los últimos años, el poder del “realfooding” se dispara, desbancando cada vez a más alimentos ultraprocesados, azucarados y de mala calidad, y como extra, el porcentaje de vegetarianos y veganos en el mundo no deja de crecer. ¡Y luego la loca soy yo, una pobre y honesta zanahoria!

 

En fin, querido diario, ¿sabes lo que he observado? Que por alguna extraña conducta, cuando el ser humano detecta un comportamiento opuesto a sus hábitos y rutinas, tiene la impertinente necesidad de desmontar dicha filosofía con todo tipo de falacias y sin sentidos.

 

Pero en el fondo, estoy segura de que estamos viviendo un cambio, y cada vez somos más las zanahorias y personitas que apostamos por un estilo de vida más consciente, saludable y sostenible. Y con este pensamiento, casi siempre consigo volver a mi habitual estado pacífico. (¡Demonios, tengo que seguir trabajando mi paciencia!)

 

Bueno, considero que es suficiente por hoy.

 

Firmado,

 

una zanahoria desahogada.

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